domingo, 10 de noviembre de 2013

FÁBULA DE ESOPO

El labrador y la cigüeña


Un Labrador colocó trampas en su terreno recién sembrado y capturó varias grullas que venían a comerse las semillas. Pero entre ellas se encontraba una cigüeña, la cual se había fracturado una pata en la trampa y que insistentemente le rogaba al labrador le conservara la vida:
- Te ruego me liberes, amo – decía, - sólo por esta vez. Mi quebradura exaltará tu piedad, y además, yo no soy grulla, soy una cigüeña, un ave de excelente carácter y muy buena hija. Mira también mis plumas, que no son como las de esas grullas.
El labrador,  riéndose, dijo:
- Será todo como lo dices, pero yo sólo sé esto: 
Te capturé junto con estas ladronas y por tanto te corresponde morir junto con ellas.

 Quien se asocia con el malvado, con él perece.