domingo, 7 de abril de 2013

UN CUENTICO PARA EMPEZAR


Como todos saben, Dios hizo el mundo en siete días y al final de esa semana de ardua labor, se recostó en su hamaca a descansar y a contemplar su maravillosa obra. Había hecho  el universo completo, con sus estrellas, cometas, asteroides y planetas, incluyendo nuestra casita, que es la Tierra. Aquí hizo la atmósfera, los mares, los continentes, las montañas, los desiertos, los polos y pobló su superficie de la más variada vegetación y de innumerables especies de animales, incluyendo al hombre y la mujer. Pero Dios no estaba solo. Lo había estado acompañando en su trabajo un grupo de traviesos y curiosos angelitos que iban viendo, tocando y hasta riéndose de lo que Él iba realizando. De pronto uno de ellos le dijo al Creador, que seguía meciéndose en el chinchorro,  -Todo está bien interesante, pero creemos que hace falta algo, pues todo lo has dejado en blanco y negro.   ¡Ja Ja Ja Ja Ja! –rió el Padre Eterno- Es que ese es un trabajito que les voy a dejar a ustedes. Dicho esto, tomó un rayo de blanca luz y la descompuso en una acuarela gigantesca de donde los querubines empezaron a tomar las pinturas para ir volando a  colorear lo creado por Dios,  hasta quedar todo convertido en una fantástica y maravillosa sinfonía de colores, como lo vemos hoy.

Hay quienes sostienen que este deseo del Creador aún persiste en nosotros los niños y es por eso que nos gusta tanto echarle color a todos nuestros dibujos.   



CHIPI (Carlos Páez Ortiz)